¿Ya tienes tu lista para ver las películas que se estrenarán en este primer trimestre del 2020?

Iniciamos este año con las nominaciones al Oscar de 1917 y Jojo Rabbit y bueno, varias de las pelñiculas que vimos en el 2019 nos dejaron un grato sabor de boca… yo sigo disfrutando de las imágenes de Infectados y de Jocker.

Pero bueno, ya estamos en el 2020 y dentro de los próximos estrenos se viene otra avalancha de opciones y estas son las que están en mi lista de “ir al cine” para este primer trimestre del año (P.D.: dejaré los nombres originales por aquello de las traducciones cinematrográficas):

a) Birds of Prey: Y la fabulosa emancipación de una Harley Quinn

Hasta ahora, el DC Extended Universe (DCEU) no ha logrado causar un impacto tan grande en comparación con la oferta de Marvel.

Suicide Squad y Batman o Superman no han podido cumplir con su potencial. Se espera que Bird of Prey pueda sobresalir donde estos han fallado.

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Después del Escuadrón Suicida, Harley Quinn (Margot Robbie) ha dejado el Joker. Ahora ella une fuerzas con otros vigilantes – Black Canary, Huntress y Renee Montoya – para proteger a una joven en peligro.

Se anuncia para febrero.

b) The King’s Man

The King’s Man será el primer thriller de espías británico lanzado en 2020, pero es casi seguro que no será el que se destaque tanto.

Coescrita y producida por Mathew Vaughn, la película actúa como una precuela de la serie de películas Kingsman, que surgió del título de cómic del mismo nombre.

Esta vez, se desarrolla alrededor de la Primera Guerra Mundial y ve la formación de la agencia de espionaje.

Se anuncia para febrero.

c) A Quiet Place: Part II

John Krasinski regresa para dirigir a su esposa Emily Blunt, ahora en una secuela de la exitosa película de terror.

El avance sugiere que la película explorará los orígenes de los desagradables introducidos en la primera película y dado el genio del original, estamos realmente entusiasmados con esta secuela.

Se anuncia para marzo.

d) Mulan

Mulan ha tenido un gran éxito dado que está obligado a hacer bancos en China gracias a su enorme lista de talentos de actuación chinos.

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El avance se ve impresionante y la historia clásica debería traducirse brillantemente a la pantalla grande.

Se anuncia para marzo.

d) No Time to Die

James Bond ha vuelto. Bueno, casi. La 25ª entrega de la serie 007 se lanzará en abril, lo que significa que no hay que esperar tanto.

Daniel Craig regresa para su quinta aparición como el espía británico.

En esta etapa no hay demasiada información sobre la trama del título, pero sabemos que se enfrentó a muchas dificultades en las primeras etapas de producción.

El trabajo comenzó con el título en 2016 y desde entonces se ha visto a varios escritores y directores involucrados, incluidos Danny Boyle y John Hodge.

Se anuncia para abril.

e) The New Mutants

Esta porción del universo de X-Men que se retrasa perennemente llega finalmente en 2020 con Maisie Williams, Charlie Heaton (Stranger Things) y Antonio Banderas, los nombres más reconocibles en un reparto lleno de caras nuevas.

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Se lanzó una película de terror cuando cinco jóvenes mutantes luchan por escapar de una instalación secreta, aunque el hecho de que el primer trailer salió en 2018 nos deja un poco preocupados.

Sin embargo, el mundo necesita una buena película de X-Men, así que hay esperanza.

Se anuncia para abril.

3 las razones que nos hicieron tomar una extremosa idea: viajar

Hace cuatro años, mi esposo y yo dejamos nuestro trabajo para vivir la aventura de nuestra vida: viajar por el mundo

Cuando originalmente les contamos a nuestros amigos y familiares lo que habíamos decidido hacer con nuestras vidas (dejar nuestros trabajos y viajar), la gente pensó que estábamos locos.

Ahora, cuatro años después, la idea no parece tan escandalosa para la mayoría de las personas.

De hecho, cada vez más personas que conocemos están comenzando a tomar decisiones similares en sus vidas.

Están comenzando a darse cuenta de que no quieren esperar hasta ser viejos y retirarse para viajar. El momento de viajar es cuando eres joven y estas son 3 la razones que nos hicieron tomar esta extremosa idea (para algunos):

1) Estás en la mejor condición física

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En los últimos cuatro años, mi esposo y yo hemos caminado a los diversos lugares que hemos visitado, por ejemplo: subimos al monte en el Camino Inca a Machu Picchu, el campamento base del Everest, hemos buceado con tiburones, realizamos viajes en moto por todo el sudeste asiático y realizamos muchas otras actividades que nuestros padres nunca podrían imaginar.

Si hubiéramos esperado para comenzar a viajar hasta los 40, 50 o 60 años, no habríamos podido ver o hacer muchas de las cosas que hemos hecho.

Si quieres poder hacerlo y verlo todo, tienes que viajar mientras eres joven y mientras tu cuerpo puede manejar cualquier cosa que se le presente.

2) No te molestarán tanto las incomodidades

Si quieres visitar la selva amazónica bueno, tienes que dormir en la selva amazónica. Si quieres caminar hasta la cima de una montaña, debes dormir en una tienda de campaña en el camino.

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Muchas de las ciudades y pueblos que hemos visitado no han tenido buenos hoteles, pero a una persona joven no le importa dormir de vez en cuando en una tienda de campaña o en un hostal o incluso en un aeropuerto o autobús.

Y por supuesto, tienes que cuidarse (siempre nos aseguramos de descansar lo suficiente, beber mucha agua, etc.), realmente no nos importan las condiciones que algunos pueden considerar “menos que ideales”.

Por otro lado, a medida que se envejece, la comodidad se vuelve cada vez más importante, lo que significa que si guardas tu viaje hasta más adelante en la vida, puedes perderte algunas experiencias porque no habrá alojamiento para satisfacer tus necesidades.

3) No tienes muchas responsabilidades

Cuantas más responsabilidades tengas, más difícil será viajar durante un período prolongado.

Claro, hay personas que llevan a sus hijos con ellos o esperan hasta que sus hijos crezcan para viajar a los lugares que siempre han soñado visitar.

En estos casos será posible alquilar una casa, vender tu automóvil y guardar todas tus pertenencias para lanzarte a la aventura.

Y para brindarles a tus hijos un poco de comodidades, en algunos casos pensarás en la renta de camionetas para viajes, está sola idea ya es en sí una aventura.

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Lo que se buscaría es disfrutar al máximo toda experiencia.

El hecho es que poner su vida en espera para viajar es mucho más fácil antes de que existan todas estas responsabilidades.

En qué ayuda realizarse el panel metabólico básico

¿Piensas visitar a tu médico para realizarte un chequeo de rutina? Eso es genial, así podrás conocer tu estado actual de salud y prevenir cualquier complicación.

Dentro de este proceso de prevención, seguramente te pedirán una química sanguínea como la prueba de panel metabólico básico.

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Esta misma prueba se realiza si llegarás a ser ingresado al hospital, ya que el médico necesita información sobre cómo está funcionando tu cuerpo.

Este panel es una combinación de pruebas que ayuda a evaluar funciones importantes del cuerpo.

Las pruebas que conforman el panel metabólico básico son análisis de sangre (suero) para identificar:

  • El nitrógeno uréico en sangre, que mide la cantidad de nitrógeno en la sangre para determinar la función renal
  • Creatinina, que puede decirle a tu médico cómo están funcionando sus riñones
  • Glucosa, que controla los niveles de azúcar en la sangre, niveles de glucosa anormalmente altos o bajos podrían indicar una variedad de problemas
  • Albúmina, que es una proteína que puede cambiar con la enfermedad renal y hepática
  • CO2 (dióxido de carbono o bicarbonato), se tienen indicadores sobre la función pulmonar y renal
  • Calcio, la prueba puede ofrecer información sobre la condición de los huesos, si hay algún problema renal o de la glándula paratiroides ubicada en el cuello
  • Sodio, una de las sales del cuerpo que refleja más el equilibrio hídrico del cuerpo que la sal
  • Potasio, otra sal en el cuerpo
  • Cloruro

Tus niveles de sodio, potasio y cloruro se evaluarán como parte de un panel de electrolitos.

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Particularmente el equilibrio electrolítico es fundamental para los sistemas muscular, cardiovascular y nervioso, por lo que sus parámetros son importantes mantenerlos dentro de lo normal.

El panel metabólico básico puede darle a tu médico una buena idea sobre si tienes algún problema con:

  • La filtración de sangre
  • El equilibrio ácido / base de tu sangre
  • Los niveles de azúcar en la sangre
  • Los niveles de electrolitos

Esto puede ayudar a descubrir una variedad de problemas médicos, que incluyen:

Se ordenarán pruebas más detalladas si alguno de estos indicadores básicos es anormal.

Una ventaja de realizar una química sanguínea a través de este tipo de panel es que muchas pruebas se pueden hacer con una sola muestra de sangre, el laboratorio es quien se encargará de dividir las muestras para realizar las diferentes pruebas.

Se necesita una pequeña cantidad de sangre para realizarse este panel de pruebas.

La muestra de sangre se obtiene insertando una aguja en una vena del brazo o mano. Generalmente se toman muestras que se colocan en un tubo (o más) para ser analizadas en el laboratorio.

No necesitas hacer nada especial antes de esta prueba y no debes dejar de tomar medicamentos a menos que tu médico te lo indique.

Una vez con los resultados en la mano, tu médico te indicará que pasos seguir si es que encontrara algo.

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¿Cuánto crees que debería costar la renovación de un baño?

Hacer un presupuesto para la renovación del baño no es tarea fácil. Debes considerar cuánto dinero deseas gastar, el costo de los nuevos accesorios de baño y cómo lograr un aspecto que sea familiar y atractivo.

Y esto no incluye cualquier problema que se pudiera presentar durante la renovación.

Después de todo, los baños ya no son solo espacios funcionales. Son retiros, lugares para mimar, y algunos no son diferentes a los spas cuando tienen toques y acabados de lujo.

Fuente: sites.google.com

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Veamos cómo crear un baño en el que quieras pasar el tiempo, sea cual sea tu presupuesto.

a) Renovación de baño de bajo costo (presupuesto entre $ 2000 a $ 7000)

Lo que puedes hacer:

Como probablemente hayas adivinado, no hay mucho espacio en este rango de precios para la remodelación. Pero es posible realizar actualizaciones asequibles para probar.

Fuente: www.archdaily.mx

Una idea es que puedes pintar los azulejos, cambiar el espejo, actualizar los accesorios de la ducha y, a veces, incluso pintar el baño.

Puedes considerar en un espejo que sea montado en la pared que incluya cajones lo que crea líneas limpias y proporcionan un buen almacenamiento.

b) Renovación de baño de costo medio (presupuesto entre  $ 8000 a $ 16,000)

Lo que puedes hacer:

Los trabajos más grandes como arrancar azulejos viejos y reemplazarlos por otros nuevos y elegantes, son factibles en este rango de precios.

Lo que realmente se reduce a los accesorios que elijas, la marca que quieres usar y lo lujoso que los quieras por lo que el costo de los accesorios es escalable.

Con este presupuesto puedes permitirte un poco de lujo.

Las mamparas de ducha sin marco crean una sensación de líneas limpias y espacio, puedes introducir características para una sección de una pared completa dependiendo del costo, ya sea dentro de la ducha o detrás del espejo.

Las luces de pared colocadas a ambos lados del espejo aportan elegancia a una habitación, mientras que las cisternas empotradas para baños son una excelente forma de crear más espacio en el piso.

Si la habitación lo permite, los baños independientes o empotrados crean estilo y lujo

c)  Renovación de baño de (presupuesto: mayor a $ 45,000)

Lo que puedes hacer:

El presupuesto de baños de lujo es una belleza, con grandes proyectos de demolición y revisiones completas ahora posibles.

Fuente: www.pinterest.es

Puedes agregar más características como cambio de pisos, regaderas con hidromasaje, iluminación adicional y cualquier otro adorno que creas que hará que tu baño sea lujoso.

Puedes comenzar a buscar grandes marcas y algunas características de alta gama, como baños independientes.

Este es también el momento de optar por materiales de lujo como azulejos de porcelana o piedra o mosaicos de vidrio como paredes características.

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También puedes optar por tocadores diseñados a medida, con encimeras de mármol o piedra y lavabos, incluso si quieres renovar otra área de la casa, puedes comenzar por colocar alguna cortina de buena calidad.

Fuente: vertilux.mx

La iluminación de tira LED incorporada también crea iluminación ambiental e ilumina los pisos para una iluminación nocturna.

Dependiendo del tamaño del baño y tus ventanas, vestir la ventana con cortinas transparentes o persianas modernas traerá una sensación de indulgencia al espacio.

Las visitas escolares son una alternativa mucho más vívida y lúdica que estar solo en un salón de clases

Las visitas escolares son una excelente herramienta de conocimiento fuera de las aulas que suelen ser mejor aprovechadas por los educadores y ser una buena experiencia para los alumnos.

Cuando van a una visita escolar con sus pares, además de que se divierten pueden hacer preguntas más dirigidas.

Cuando un grupo escolar llega a las instalaciones son recibidos por un guía y esto facilita mucho más cualquier explicación que cuando llegas tu solo al mismo lugar.

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Las excursiones escolares son una alternativa mucho más vívida y lúdica que estar solo en un salón de clases.

Por ejemplo, si les deseas mostrar el universo y hablar de ello en un aula ¿cómo lo harías?

Posiblemente tengas imágenes o si tu colegio cuenta con un proyector muestres imágenes del universo… y eso está bien pero, la experiencia será limitada.

Si el tema a revisar es el universo y tienes pensada una visita escolar, ¿no sería genial que fuera justamente a un planetario?

Un lugar así cautiva a grandes y chicos y, particularmente en los niños y jóvenes es llevarlos literalmente a un viaje fuera de este mundo.

La visita a un planetario puede no solo ser grata, puede marcar vidas y hacer que los niños deseen aprender de ellas.

¿Te imaginas que de esta experiencia salieran definidos algunos futuros físicos de tu clase?

Pues bien, la experiencia que brinda un planetario no te lo brinda en lo absoluto el proyector de tu colegio si es que lo tienes.

En este lugar cuentas con un proyector planetario que es una máquina de estrella o starball, este proyector se encuentra en el centro exacto de la cúpula.

Sí, una cúpula que te hace la vez de cosmos.

Esta máquina crea las estrellas con dicha resolución, claridad, color y brillo que ningún otro tipo de proyector puede comenzar a igualar.

Con algunos tipos de Starballs, la luna y el sol proyectan planetas y se pueden montar delante del proyector principal.

Y una consola de control se coloca generalmente en la parte posterior del teatro.

Bastidores de electrónica con equipo de apoyo están montados en una sala de equipos cercanos y suelen ser el corazón mismo de cada planetario.

El sol, la luna y proyectores de planetas son una pasión especial en los planetarios.

Si tienes a tu alcance el visitar un planetario híbrido, te puede mostrar no solo una rica programación astronómica, sino que también pueden ir más allá de la programación en temas como geología, meteorología, biología, oceanografía y más.

En conjunto, las dos partes del sistema híbrido puede llevar al público en cualquier parte del universo, para examinar los fenómenos en una escala de microscópica a infinito.

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El universo es un patio de recreo con un planetario híbrido y para los niños les abrirá un cosmos diferente.

Y como en una buena película… el sonido añade una dimensión vital al planetario en forma de efectos donde la música, la narración y el sonido abre la imaginación de los niños.

Si eres un empresario que actualmente dirige un negocio evita este par de errores

La mayoría de nosotros tenemos el sueño de trabajar por cuenta propia y una de las formas en que podemos lograr esto es convirtiendo nuestros ahorros en inversiones reales, como un negocio que nos brinde la oportunidad de hacer lo que nos gusta.

Fuente: wiki-finanzas.com

Parte de lograr una compañía exitosa es construir la solvencia del negocio en sí y qué mejor que sea desde el inicio.

Por solvencia no necesariamente quiere decir que tengas todo el dinero para financiar tu proyecto.

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Un buen emprendedor sabe que cuenta con recursos como un buen financiamiento para PYMEs que pueden apoyarlo perfectamente, siempre y cuando lo manejes adecuadamente y a tu beneficio total.

No se trata de solo meterle dinero a tu proyecto, se trata de hacerlo inteligentemente.

Por lo tanto, aquí hay dos tips para evitar dolores de cabeza:

Fuente: medlineplus.gov

a) Ignorar las señales de advertencia de sus problemas de crédito

La mayoría de nosotros dedicamos muy poco tiempo a revisar e interrogar nuestros informes de crédito. La mayoría de los empresarios solo esperan un informe anual.

Para evitar problemas cuando se trata de tus informes de crédito has lo siguiente: date el tiempo, debes revisar tus informes de crédito mensualmente para asegurarte de que todo está en orden.

Fuente: konfio.mx

Cuanto más esperes, más difícil será corregir los errores.

Los errores pueden ser perjudiciales para tu informe y pueden conducir a una mala calificación crediticia que no refleja cómo has estado haciendo tus pagos, etc.

También hay señales de advertencia de que debes actuar con prontitud, lo que incluye que solo se te permite realizar pagos mínimos, omitir algunos pagos, buscar tarjetas de crédito comerciales con calificación cero y también subir y bajar en busca de transferencias de saldo con calificación cero.

Si ignoras estos signos, realmente puedes dañar tu puntaje de crédito y tienes que darte cuenta del problema que se avecina y reaccionar en consecuencia.

b) Firmar conjuntamente el préstamo de otra persona

Mira, entiendo que cuando te va bien, pueden recurrir a ti ya sea amistades o familiares para apoyarse en tin para solicitar un préstamo debido a que, como tu tienes una buena reputación crediticia, esto les puede apoyar en su proyecto.

Ok! eso en palabras es bueno, pero no es lo mejor para un emprendedor.

Fuente: www.emprendepyme.net

Firmar conjuntamente cualquier tipo de préstamo para un amigo, un pariente o cualquier otra persona cercana podría resultar desastroso para tu propio puntaje de crédito comercial.

Es tan simple de entender cuando comprendas el problema en el que te enfrentarás si la persona prestataria no cumple con los términos de reembolso del préstamo.

Tu firma en un documento de esta índole te hará inmediatamente responsable parcial de esta falta y con ello te verás afectado en consecuencia, por ejemplo, al optar por la renta de autos en cancún, tendrás que firmar diferentes papeles.

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En caso de que el prestatario en cuestión no reembolse en el plazo, tu puntaje de crédito para tu negocio se verá automáticamente afectado negativamente si no realiza los pagos.

Para evitar ser afectado por esto, tendrás que ser muy cuidadoso al decidir para quién puedes firmar conjuntamente un préstamo.

Si piensas realizar algo así, aprende entonces como lo hacen los prestamistas… harás una función muy similar tan solo con tu firma, así que cuida de ti y tu negocio.

Una panorámica de lo que los canales de distribución implica en el comercio de mercancías

Los canales de distribución pueden entenderse analizando sus componentes, estructura, funciones y contribuciones.

Los canales consisten en tres categorías de entidades: agentes, comerciantes y facilitadores.

a) Los agentes

Los agentes promocionan productos y generan ventas, pero ellos mismos no compran ni almacenan productos.

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Los agentes pueden ser independientes o pueden ser empleados de la empresa.

b) Los comerciantes

Los comerciantes como minoristas, mayoristas y distribuidores compran, almacenan y venden productos a otros en la cadena o a los consumidores finales.

Los comerciantes suelen ser independientes, pero algunas empresas pueden tener sus propias unidades comerciales al por mayor o puntos de venta minoristas.

c) Los facilitadores

Los facilitadores como los proveedores de servicios logísticos, los almacenes independientes, el almacén fiscal, los agentes de transporte y reenvío, y los transportistas facilitan el movimiento, el almacenamiento y la entrega de productos, pero no participan en la promoción o el comercio.

Los canales de distribución se configuran reuniendo agentes, comerciantes y facilitadores de formas específicas según el mercado, el producto y el contexto competitivo.

Estas estructuras varían según los países y las industrias, sin embargo, se pueden describir utilizando conceptos simples como la franqueza, los niveles, la densidad, la variedad y la novedad.

Fuente: educacion.elpensante.com

a) Franqueza

Esto se refiere al proceso de venta directa entre fabricantes y consumidores sin ningún miembro del canal interviniente. La distribución indirecta ocurre cuando un fabricante utiliza miembros del canal para vender a los consumidores.

Fuente: www.emprendedores.es

Los investigadores han identificado una serie de condiciones que influyen en si la distribución directa o indirecta es apropiada.

b) Niveles

El concepto de niveles indica el número de diferentes entidades de compra y venta que existen entre un fabricante y un consumidor.

En la industria automotriz, los fabricantes venden a concesionarios exclusivos franquiciados que a su vez venden a consumidores finales.

Fuente: mexico.automotivemeetings.com

Esto se denomina como un canal de un nivel.

Cuando se habla de un canal de dos niveles es cuando las compañías vendan a los vendedores que a su vez venden a los minoristas y que a su vez venden a los consumidores.

c) Densidad

La densidad se refiere al número de puntos de venta dentro de un área geográfica determinada.

Cuanto menor es el número de puntos de venta, más exclusiva es la distribución y cuanto más es el número de puntos de venta, más intensiva es la distribución.

La distribución de automóviles de lujo con solo uno o dos puntos de venta en un distrito o ciudad puede calificarse como exclusiva, mientras que la distribución de cajas de fósforos con miles de puntos de venta puede calificarse como intensiva.

d) Variedad

La variedad se refiere al número de diferentes tipos de puntos de venta.

La distribución de galletas puede exhibir una gran variedad por ejemplo en tiendas, supermercados, tiendas generales, comedores, máquinas expendedoras e incluso en línea.

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Mientras que la distribución de rebozos de seda se pueden exhibir en una baja variedad en términos de canales utilizados.

e) Novedad

La novedad se refiere a la utilización de nuevos tipos de canales.

Los canales en línea y las máquinas expendedoras son relativamente nuevos y, por lo tanto, se consideraría que tienen un mayor nivel de novedad en comparación con el marketing directo o los canales de mercadeo en red.

Un ladrón honesto

¿Encontraste varilla más económica de lo usual? Ten cuidado y verifica que cumplan

   Una mañana, cuando ya me disponía a dirigirme a mis tareas, entró en mi habitación Agrafena, mi cocinera, lavandera y ama de llaves, y, para mi sorpresa, se dirigió a mí.
       Hasta aquel momento era una mujer tan callada y sencilla que, al margen de dos palabras que dijera al día sobre lo que iba a preparar para comer, no había dicho más durante seis años. O, al menos, yo no había oído nada.
       —He venido a decirle, señor —empezó de pronto—, que podría usted alquilar el desván.
       —¿Qué desván?
       —Pues el que está junto a la cocina. Ya sabe al que me refiero.
       —¿Para qué?
       —¡Para qué! Pues porque la gente los alquila. Está claro para qué.
       —Pero ¿a quién se lo alquilaría?
       —¡A quién! A un inquilino. ¿A quién si no?
       —Pero si allí, madrecita mía, no cabe ni una cama; es muy estrecho. ¿Quién podría vivir allí?
       —¿Qué falta hace que viva allí? Solo hace falta un hueco para dormir; y para vivir está el alféizar de la ventana.
       —¿Qué alféizar?
       —Está claro cuál, como si no lo supiera. El que está en el vestíbulo. Allí podría sentarse, coser o hacer alguna cosa. También puede sentarse en una silla. Él tiene una silla; y también una mesa; lo necesario.
       —Pero ¿de quién se trata?
       —Pues de una buena persona, de confianza. Yo le haría la comida. Por la habitación y la comida, le cobraría, al mes, tres rublos…
       Finalmente, y después de un buen rato, supe que un hombre entrado en años le pidió a Agrafena que le dejara vivir en la cocina, en calidad de inquilino con derecho a comida. Lo que a Agrafena se le metiera en la cabeza necesariamente había de llevarse a cabo, ya que, de otro modo, sabía que no me dejaría en paz. Cuando algo no salía como ella quería, se quedaba apesadumbrada y presa de una profunda melancolía que podía durarle dos o tres semanas. Durante ese tiempo, solía estropeársele la comida, no me lavaba la ropa, ni el suelo; en un palabra, sucedían cosas desagradables. Hace tiempo que me había dado cuenta de que aquella mujer silenciosa no sabía tomar decisiones ni defender ninguna idea propiamente suya. Pero cuando en su floja inteligencia pudiera componerse de alguna manera algo parecido a una idea o determinación, negárselo significaba aniquilarla moralmente durante algún tiempo. Y por ello, como yo por encima de todo quería mi propia tranquilidad, al instante me conformé con su propuesta.
       —Pero ¿tendrá al menos un documento, pasaporte o algo por el estilo?
       —¡Cómo! Claro que sí. Es una buena persona y con experiencia; me ofreció pagarme tres rublos.
       Al día siguiente, en mi humilde vivienda de soltero apareció un nuevo habitante; pero no me sentí enojado e incluso me alegré en mi interior. En general, vivo muy solitario, como un ermitaño. Apenas tengo conocidos; y salgo en escasas ocasiones. Después de haber vivido durante diez años como un sordo, lógicamente me acostumbré a la soledad. Pero vivir otros diez, quince, o puede que más años, en soledad, con aquella misma Agrafena, y en aquel cuartito de soltero, era una perspectiva de lo más insulsa. Por ello, teniendo en cuenta la situación, una persona tranquila que viene de fuera es una bendición caída del cielo.
       Agrafena no había mentido: mi inquilino era una persona decente. Por el pasaporte me enteré de que era un soldado retirado, cosa que había percibido al primer golpe de vista, sin necesidad de mirar el pasaporte. Era fácil de reconocer. Astáfi Ivánovich, mi inquilino, era un buen hombre, entre los de su clase. Comenzamos a tener una buena convivencia. Pero lo más divertido de Astáfi Ivánovich era la facilidad que tenía para relatar historias y sus vivencias. Para el transcurrir diario de mi habitual aburrimiento, alguien que relatara como él era un tesoro. En una ocasión me contó una de sus historias. Esta me impresionó. Pero he aquí el motivo por el que surgió esa historia:
       Un día me quedé solo en casa: Astáfi y Agrafena habían salido a hacer recados. De pronto me pareció que un desconocido entraba en otra habitación. Salí, y vi que en el vestíbulo realmente había un desconocido. Era joven, bajito y, a pesar del frío otoñal, solo se cubría con una levita.
       —¿Qué deseas?
       —Quiero ver al funcionario Alexándrov. ¿Vive aquí, verdad?
       —Esa persona no vive aquí. ¡Adiós!
       —¡Cómo es posible! ¡Si el barrendero me dijo que vivía aquí! —dijo el visitante, retrocediendo cuidadosamente hacia la puerta.
       —¡Vamos, vamos! ¡Márchate, hermano! ¡Fuera!
       Al día siguiente, después del almuerzo, cuando Astáfi Ivánovich me estaba tomando medidas para una levita, que tenía que arreglar, de nuevo alguien volvió a entrar en el vestíbulo. Entreabrí la puerta.
       El caballero del día anterior, ante mis propios ojos, descolgó tranquilamente de la percha mi abrigo de piel, lo cogió debajo del brazo y salió corriendo. Agrafena se quedó mirándole boquiabierta, sin hacer nada para recuperar mi abrigo. Astáfi Ivánovich salió corriendo tras el ladrón y al cabo de diez minutos volvió sofocado y con las manos vacías. ¡El hombre se había esfumado!
       —¡Qué mala suerte, Astáfi Ivánovich! ¡Menos mal que aún me queda el capote! ¡De no ser así, el muy ladrón me habría dejado completamente desnudo!
       Pero a Astáfi Ivánovich todo aquello le había dejado tan perplejo que, de contemplarle, hasta me olvidé del robo. No podía recomponerse. No hacía más que soltar la labor que tenía entre las manos, para ponerse al instante a contar nuevamente lo que había sucedido, y la forma en que aquello había pasado. Cómo, estando él allí, ante sus ojos y a dos pasos de él, un hombre cogía el abrigo de la percha y salía corriendo sin que se le pudiera alcanzar. Después, otra vez se puso a su labor, para dejarla de nuevo y bajar donde estaba el barrendero a ponerle al corriente y reprenderle para que tomara las medidas oportunas para que en su patio no sucedieran este tipo de cosas. Después, regresó y se puso a regañar a Agrafena. A continuación, de nuevo se puso con su labor, refunfuñando mucho rato para sus adentros sobre cómo había sucedido, cómo, estando él allí y yo aquí, delante de nosotros y a dos pasos, descolgaron el abrigo y etcétera, etcétera. En una palabra, Astáfi Ivánovich, a pesar de hacer bien su labor, era también muy charlatán.
       —¡Nos han engañado, Astáfi Iványch! —le dije yo por la tarde, ofreciéndole una taza de té, con tal de salir del aburrimiento, y volviendo a sacar el tema del abrigo, que, de tanto repetirse, y al ver la sinceridad del que lo relataba, hacía que la situación se me presentara cada vez más cómica.
       —¡Nos han timado, señor! Me da pena y lástima. Me puede la rabia aunque el abrigo no fuera mío. En mi opinión, no hay peor cosa en esta vida que un ladrón. ¡Otras veces te pueden quitar algo, pero en este caso se trata de tu trabajo, de tu sudor, y el tiempo robado…! ¡Uf! ¡Qué asco! No le apetece a uno ni hablar de ello, me da mucha rabia. ¿Y a usted, señor mío, no le da pena de una cosa suya?
       —Sí, es cierto, Astáfi Iványch. ¡Es preferible que se queme una cosa que ceder ante un ladrón! ¡Es algo que da rabia y no se puede consentir!
       —¡Hay que ver cómo son las cosas! Claro que hay ladrones diferentes. Pues yo, señor mío, me topé una vez con un ladrón honrado.
       —¿Cómo que con un ladrón honrado? ¿Acaso existen ladrones honrados, Astáfi Iványch?
       —¡Es verdad, señor! ¿Cómo puede un ladrón ser honrado? No puede ser. Yo solo quería decir que aquel hombre parecía honrado, pero robó. Sin embargo, me dio lástima de él.
       —Y ¿cómo sucedió, Astáfi Iványch?
       —Pues así, señor: de eso hace ya dos años. Por aquel entonces llevaba yo un año sin trabajar, y en esa situación hice buenas migas con un hombre completamente fracasado. Nos conocimos en un figón. Era un borrachín perdido y un gandul, que antes había prestado servicios en algún lugar, pero a causa de sus borracheras hacía tiempo que le habían echado del trabajo. ¡Era un impresentable! ¡Iba vestido Dios sabe cómo! ¡Alguna vez incluso se me pasó por la cabeza si debajo del capote llevaría camisa o no! Todo cuanto tenía se lo gastaba en la bebida. Pero no era escandaloso. Tenía un carácter tranquilo y era muy cariñoso, bondadoso, no pedía nada, y todo le intimidaba; cuando tú mismo veías que el pobre tenía ganas de beber, se lo alcanzabas. Bueno, pues no sé de qué manera nos hemos hecho el uno al otro, o, mejor dicho, no había forma de desprenderme de él… y a mí me daba lo mismo. ¡Y qué hombre más curioso! Se te pegaba como un perrillo; si ibas a un lugar, él detrás de ti. Solo nos habíamos visto una vez. ¡Era más enclenque! Al principio dejé que pasara una noche en casa. Vi que tenía el pasaporte en regla y que parecía decente. Al día siguiente me volvió a pedir lo mismo, y al tercero vino él solo y se pasó el día entero sentado en el alféizar de la ventana; también ese día se quedó a pasar la noche. «¿No se me habrá pegado demasiado?», pensé yo. Le das de beber, de comer y encima le dejas que pase la noche en tu casa. ¡A un pobre como yo, va y se le sube uno a la cabeza para que le des de comer! Antes de pegárseme a mí, también lo hizo con un funcionario. Se emborrachaban los dos hasta más no poder; pero el funcionario se alcoholizó completamente y murió de alguna desgracia. El de mi historia se llamaba Iemeléi. Iemeléi Ilich. Yo no hacía más que darle vueltas a qué hacer con él. Me daba apuro y lástima echarle a la calle. ¡Daba tanta pena verle! ¡Estaba tan perdido! ¡Dios mío! Y encima tan callado, no pedía nada, solo se estaba sentado y mirándote como un perrillo a los ojos. Quiero decir, ¡que hay que ver cómo deteriora al hombre la bebida! Y no hago más que pensar cómo le voy a decir: «¡Márchate de aquí, Iemeliánushka! ¡No tienes nada que hacer aquí! ¡Te has equivocado de persona! ¡Pronto ni yo mismo podré llevarme un pedazo de pan a la boca! ¿Cómo podré mantenerte?». Estoy sentando y pensando: «¿Qué va a hacer cuando le diga eso?». Y me lo imagino mirándome largo rato después de decirle aquello. Me lo imagino sentado sin entender palabra, y cómo después, tras recobrar el sentido, se levanta del alféizar, coge su hatillo, que parece que lo estoy viendo (a cuadros, de color rojo y todo agujereado), y en el que solo Dios sabe lo que guardaba llevándolo a todas partes; cómo se cubría con su pobre capote para parecer lo más presentable posible, y que le diera calor sin que se le vieran los agujeros. ¡Era una persona delicada! Me lo imaginaba abrir la puerta y salir hacia la escalera con los ojos empañados de lágrimas. ¡Me daba lástima, pues no quería que el hombre se extraviara del todo! Y al instante pensaba: «¿Y en qué situación estoy yo mismo? Espera Iemeliúshka», pensaba yo. «¡No te estarás mucho tiempo dándote banquetes en mi casa! ¡Pronto me marcharé y no me encontrarás!». ¡Y me marché! Por aquel entonces, mi señor, Alexander Filimónovich (que en paz descanse y que Dios lo tenga en su gloria), me dijo: «Estoy muy satisfecho de ti, Astáfi, y cuando regresemos a la aldea no nos olvidaremos de ti y te daremos trabajo». Yo vivía en su casa y trabajaba de mayordomo. Era un señor muy bondadoso, pero falleció ese mismo año. Bueno, pues, en cuanto nos despedimos, cogí mis bártulos y algún que otro ahorrillo, pensé que era hora de vivir tranquilo y me fui donde una viejecilla a la que alquilé el rincón de una habitación. Solo disponía de un rincón libre. También había trabajado de criada en una casa, pero por aquel entonces vivía sola y recibía una pensión. Y yo que pensé: «¡Pues ahora, Iemeliánushka, querido amigo, ya no me encontrarás!». ¿Y qué cree usted, señor? Por la tarde, de regreso a casa (después de hacerle una visita a un conocido), lo primero que vi al entrar fue a Iemeliá sentado sobre mi baúl y el hatillo a cuadritos junto a él, sin quitarse su viejo capote y esperándome… De lo aburrido que estaba le cogió a la vieja un libro de la iglesia que lo tenía cogido del revés. ¡A pesar de todo, me encontró! Me desanimé del todo. «No tengo nada que hacer», pensé. «¿Por qué no le habré echado al principio?». Y le pregunto directamente: «¿Has traído el pasaporte, Iemeliá?».
       »Entonces, señor, me senté y me puse a pensar: «Bueno, puesto que es un vagabundo, ¿qué daño me puede hacer?». Y llegué a la conclusión de que no podría ocasionarme grandes trastornos. «Tendrá que comer», pensé yo. «Bueno, un trozo de pan por la mañana, y para que el bocado esté más sabroso tendré que comprarle cebolla. Al mediodía, también tendría que darle pan con cebolla; y, al anochecer, también cebolla con kvas [refrescante bebida rusa] y un mendrugo de pan, si es que quiere más pan. Y si surgiera el caso de que hubiera shi, nos llenaríamos las barrigas hasta más no poder». Si yo, lo que es comer, no como mucho, y todos saben que la persona que bebe apenas come: le bastaría solo con un licorcito o un vino verde. «Me puede arruinar con la bebida», pensé, y al momento, señor mío, se me pasó una idea por la cabeza, y ¡cómo me impresionó! Que si Iemeliá se marchara, ya no sería yo feliz en la vida… Y en aquel momento decidí ser para él como un padre bienhechor. «Lo apartaré del vicio», pensé, «y haré que aprenda a perder la afición a la bebida. Pero ¡espera un poco!», pensé. «¡Bueno, está bien, Iemeliá, quédate, solo que prepárate para vivir conmigo! ¡Tendrás que obedecer!».
       »Y, mientras tanto, yo le daba vueltas en la cabeza a cómo enseñarle algún oficio, pero sin prisas. Ahora, al principio, que diera pequeños paseos, y, por el momento, yo iría mirando y buscando algún trabajo que Iemeliá pudiera hacer. Porque para todo, señor mío, es imprescindible tener un don. Y me puse a observarle de soslayo. Veo que es Iemeliánushka un hombre desesperado. Y comencé, señor mío, por hablarle con palabras amables: «Entre otras cosas», le digo, «Iemelián Ilich, podrías mirarte en el espejo y arreglarte un poco. ¡Ya está bien de pasear! ¡Mira cómo vas vestido! ¡Todo lleno de harapos, y tu viejo capote, con perdón, parece un colador! ¡No está bien! Creo que va siendo hora de pensar en la dignidad. Estás sentado, y me escuchas con la cabeza gacha, Iemeliánushka mío.
       »Pero ¡Dios mío! ¡De tanto beber se le desarticulan las palabras y es incapaz de pronunciar algo con sentido! Si le hablas de pepinos, va él y te responde refiriéndose a las habas. Se pasa largo rato escuchándome y después lanza un suspiro.
       »—¿Y por qué suspiras, Iemelián Ilich? —le pregunto.
       »—Por nada, Astáfi Ivánovich, no se preocupe. Pues hoy, dos mujeres, Astáfi Iványch, se pelearon en la calle, y una le lanzó una cesta de bayas rojas a la otra.
       »—Bueno, y ¿qué tiene eso de especial?
       »—Y por hacerle eso, fue la otra y le tiró su cesta de bayas, y se puso a pisotearlas.
       »—Bueno, y ¿qué más sucedió, Iemelián Ilich?
       »—Pues nada, Astáfi Iványch, solo era un comentario.
       »«Nada, solo un comentario. ¡Vaya, con Iemeliá, Iemeliúshka!», pensé yo. «¡Le ha dejado descerebrado la bebida…!».
       »—En la calle Gorójovaia, o mejor dicho, en la Sadóvaia, a un señor se le cayeron al suelo unos billetes. Y un muzhik que lo vio dijo: «¡Qué felicidad la mía!». Pero en ese momento también lo vio otro, que dijo: «¡No! ¡La felicidad es mía! ¡Yo los vi primero…!».
       »—¡Vaya, Iemelián Ilich!
       »—Y se pelearon los campesinos, Astáfi Iványch. Y en ese momento llegó el guardia, recogió los billetes y se los devolvió al caballero amenazando a los dos muzhiks con encerrarles en un calabozo.
       »—Bueno, y ¿qué es lo que hay de ejemplar en ello, Iemeliánushka?
       »—Pues… yo… nada… La gente se reía, Astáfi Iványch.
       »—¡Ay, Iemeliánushka! ¡Y qué importa la gente! Has vendido el alma por una moneda de cobre. Pero ¿sabes, Iemelián Ilich, lo que te voy a decir?
       »—¿Qué, Astáfi Iványch?
       »—Búscate algún trabajo; de verdad, búscatelo. Te lo he dicho ya cien veces, apiádate de ti.
       »—Pero ¿qué tipo de trabajo podría buscarme, Astáfi Iványch? Si ni yo mismo sé qué trabajo podría hacer y además nadie me cogería, Astáfi Iványch.
       »—Y ¿por qué te echaron del trabajo, Iemeliá? ¡Ay, borrachín!
       »—Pues a Vlas, el camarero, le llamaron hoy para que se presentara en la oficina, Astáfi Iványch.
       »—¿Y por qué le llamaron, Iemeliánushka? —le dije.
       »—Pues a decir verdad, no lo sé, Astáfi Iványch. Será que tenían que hacerlo y por eso lo llamaron…
       »«¡Vaya, vaya!», pensé. «¡Estamos perdidos los dos, Iemeliánushka! ¡Dios nos castigará por nuestros pecados! Pero ¡Señor mío! ¿Qué es lo que puedo hacer con un hombre así?».
       »¡Sin embargo, era listo a más no poder! Prestaba oído y te escuchaba, pero, en cuanto veía que se aburría y que yo me ponía serio, agarraba su pobre capote, se escabullía y se largaba como si no te conociera. Se podía pasar todo el día deambulando por ahí y al llegar la tarde venía todo ebrio. ¡Solo Dios sabe quién le daba de beber, y dónde conseguía el dinero! ¡Yo no tengo la culpa de ello y mi conciencia está tranquila!
       »—¡No! —le decía yo—. ¡Vas a perder la cabeza, Iemelián Ilich! ¡Ya has bebido mucho! ¿Lo has oído? ¡Ya es suficiente! Si otra vez vuelves borracho a casa, pasarás la noche en la escalera. ¡No te dejaré entrar!
       »Después de escuchar la reprimenda, estuvo Iemeliá en casa dos días, y al tercero desapareció de nuevo. Yo esperándole, y él sin aparecer. Y si le soy sincero, incluso estaba preocupado, y sentía lástima. «¿Qué es lo que he hecho?», pensaba. «Le he metido miedo en el cuerpo. Pero ¿adónde habrá ido ahora, el muy desdichado? ¡Dios mío, si se puede perder!». Pasó la noche y él sin regresar. Y al amanecer, cuando salí al zaguán, vi que había pasado la noche allí. Estaba tumbado con la cabeza apoyada en un escalón; debía de estar completamente helado.
       »—Pero ¿qué haces, Iemeliá? ¡Dios te ampare! ¿Dónde te has metido?
       »—Usted se enfadó conmigo diciéndome que me mandaría a dormir al zaguán, por eso no me atreví a entrar en casa, Astáfi Iványch, y me quedé a dormir aquí.
       »¡Sentí a la vez rabia y pena!
       »—Pero si tú, Iemelián, podías buscarte otro trabajo —le dije yo—. ¿Por qué escoges el de guarda de la escalera?
       »—¿Y qué otro trabajo podría buscarme, Astáfi Iványch?
       »—Al menos podrías aprender el oficio de la costura, ¡alma de cántaro! —le dije yo (de la rabia que me dio)—. ¡Mira qué capote llevas! No te conformas con que esté lleno de agujeros y hasta quieres barrer las escaleras con él. Podías coger una aguja y remendarte los agujeros, aunque solo fuera por dignidad. ¡Ay, borrachín!
       »—¡Bueno, señor! —y cogió la aguja. Yo se lo dije en broma, pero él se avergonzó y se puso manos a la obra. Se quitó el viejo capote y se puso a enhebrar la aguja. Le miro, y lo que esperaba: tenía los ojos irritados y enrojecidos; las manos temblorosas a más no poder. Intentaba enhebrar la aguja y no lo conseguía. ¡Y hay que ver cómo fruncía el ceño, humedecía el hilo, lo retorcía, pero no conseguía enhebrarlo! No había forma. Lo tiró y se me quedó mirando…
       »—¡Bueno, bueno, Iemeliá! ¡Me dan ganas de cortarte la cabeza! Si te lo dije en broma, te reproché para hacerte reaccionar… Pero ¡que Dios te ampare! Puedes entrar, pero no me abochornes, ¡no pases la noche en la escalera avergonzándome…!
       »—Pero ¿qué puedo hacer, Astáfi Iványch? Si yo mismo sé que siempre estoy bebido y que no sirvo para nada… Es solo que usted, mi… bienhechor, se interesa en vano por mí…
       »Y de pronto empezaron a temblarle sus labios azules y una lágrima resbaló por su mejilla blanca. ¡Y cómo temblaba la lagrimilla sobre su barba sin afeitar, y cómo sollozaba, mi Iemelián! ¡Dios mío! ¡Aquello me dolió como si me pasaran un cuchillo por el corazón!
       »«¡Vaya, qué sensible eres, y yo sin darme cuenta! ¿Quién podía saberlo y adivinarlo? ¡No!», pensé. «No voy a preocuparme por ti, Iemeliá. ¡Puedes convertirte en un guiñapo…!».
       »Bueno, señor, de todo aquello podría contarle yo mucho. Pero esa historia es insignificante, mísera y no merece la pena; es decir, que usted, señor, no daría ni dos cópecs por una historia así, y, sin embargo, yo, de haberlos tenido, habría dado más, con tal de que no hubiera sucedido. Yo estaba cosiendo unos pantalones buenos (¡al diablo los pantalones!); eran fantásticos, de cuadros azules. Me los había encargado un terrateniente que venía por aquí, y que se marchó después diciéndome que le estaban estrechos, de modo que se quedaron en casa. Pensé que eran buenos y que en el mercadillo podían darme hasta cinco rublos, y que, de no ser así, podría sacar de ellos dos pantalones de caballero, y me sobraría además un trozo para una levita. Eso, a un hombre humilde, a uno de los nuestros, ¿sabe?, siempre le viene bien. Y Iemeliánushka, por aquel entonces, estaba pasando una mala temporada, estaba serio y triste. Veo que pasa un día sin beber nada: pasa otro y tampoco, el tercero y no prueba gota. Estaba completamente amodorrado, me daba verdaderamente lástima verle sentado y afligido. Y pensé: «Una de dos, o te has quedado sin dinero para beber, o tú mismo escogiste el camino adecuado de decir basta y vivir de forma racional». Pues así estaban las cosas, señor, cuando llegaron las fiestas. Yo me fui a la consueta. Cuando regreso a casa veo que mi Iemeliá está sentadito sobre el alféizar, completamente borracho y meciéndose de un lado a otro. «¡Hum!», pensé. «¡Conque estas tenemos!». Y me fui derecho al baúl. ¡Miro, y no están los pantalones…! Registré toda la casa: «Me los han robado», pensé. Cuando hube revuelto todo y comprobado que no estaban, pareció que algo me arañaba el corazón. Me dirigí enfurecido a la anciana, y pequé acusándola, descartando las dudas sobre Iemeliá, aunque tuviera mis sospechas, por lo borracho que estaba.
       »—No —me dijo la ancianita—; que Dios le ampare, señorito, pero ¿qué falta me harían los pantalones? ¿Para ponérmelos? También a mí me desapareció hace unos días una falda, igual que a usted con este buen hombre… Bueno, no puedo decir lo que no he visto —me dijo.
       »—¿Quién estuvo aquí? —le pregunté—. Y ¿quién ha pasado por aquí?
       »—Pues nadie, señor —me respondió ella—; yo no me he movido de aquí. Iemelián Ilich salió de casa y regresó después. ¡Allí lo ve usted sentado! Pregúnteselo a él.
       »—¿No habrás cogido los pantalones nuevos porque te surgiera alguna necesidad, Iemeliá? ¿Te acuerdas de cómo los cosía para aquel terrateniente?
       »—No —responde—, Astáfi Iványch, yo no he cogido eso.
       »¡Qué desdicha! De nuevo me puse a buscarlos, lo revolví todo y no encontré nada. Mientras tanto, Iemeliá seguía bamboleándose sobre el alféizar. Me senté, señor, sobre el baúl, frente a él, y de pronto le miré de reojo… «¡Vaya!», se me pasó por la cabeza: y en ese momento pareció que se me prendía el corazón; incluso enrojecí de rabia. De repente, también me miró Iemeliá.
       »—No —me dijo—, Astáfi Iványch, yo sus pantalones, quiero decir… eso… que puede usted pensar… yo no he sido.
       »—¿Pues cómo han podido desaparecer, Iemelián Ilich?
       »—No sé —me respondió—, Astáfi Iványch; no los he visto en absoluto.
       »—¿Entonces, Iemelián Ilich, debe ser que ellos solitos, como quiera que se mire, desaparecieron por sí mismos?
       »—Puede que hayan desaparecido solos, Astáfi Iványch.
       »En cuanto le oí decir eso, me levanté bruscamente, me acerqué a la ventana, encendí la lámpara y me puse a coser. A rehacerle una levita a un funcionario que vivía debajo de nosotros. No paraba de arderme el pecho, como si algo me aullara dentro. Es decir, habría tenido menos calor si hubiera metido toda la ropa del armario en la estufa. Y, por lo que se ve, sintió Iemeliá que la rabia me había punzado el corazón. Y parece, señor, que cuando un hombre está abocado al mal, ya desde lejos presiente la desgracia, igual que un pájaro que vuela por el cielo presintiendo la tormenta.
       »—Astáfi Ivánovich —empezó Iemeliúshka (y la vocecilla le temblaba)—. Hoy Antip Projórich, el practicante, se casó con la mujer del cochero, que falleció hace unos días…
       »Entonces le eché tal mirada de furia…
       »Y Iemeliá lo comprendió. Veo que se levanta, se acerca a la cama y empieza a dar vueltas alrededor de ella. Yo estoy a lo mío y veo que lleva mucho tiempo trasteando y refunfuñando: «¡No aparecen! ¿Dónde se habrán metido, los muy granujas?». Yo seguía en la misma actitud expectante mientras que Iemeliá se puso de rodillas y se metió debajo de la cama. No pude aguantar más.
       »—¿Qué hace usted, Iemelián Ilich, de rodillas?
       »—Por si encuentro los pantalones, Astáfi Iványch. Registrando, por si se hubieran colado en algún sitio.
       »—Pero ¡qué está haciendo, señor! —le dije (y de lo furioso que estaba lo traté de usted)—. ¿Qué necesidad tiene, señor, de hacer semejantes cosas por un pobre hombre como yo, destrozándose inútilmente las rodillas?
       »—Pero si no estoy haciendo nada, Astáfi Iványch, nada… Puede que se encuentren si se buscan bien.
       »—¡Hum!… —le dije yo—. ¡Escúchame, Iemelián Ilich!
       »—¿Qué, Astáfi Iványch? —me dijo.
       »—¿Y no habrás sido tú quien los ha cogido, como un simple ladronzuelo, en agradecimiento del pan y la sal que comparto contigo? —le dije yo. Es decir, que a mí, señor, me irritó de tal modo que estuviera de rodillas delante de mí arrastrándose por el suelo…
       »—Pues no… Astáfi Ivánovich…
       »Pero se quedó en la misma posición, tal y como estaba, debajo de la cama. Estuvo un largo rato allí tumbado; después salió a rastras. Le miro y veo que está completamente pálido. Al levantarse, se sentó cerca de mí en el alféizar de la ventana, y permaneció así sentado unos diez minutos.
       »—No, Astáfi Iványch —me dijo. Y de pronto se levanta y se me acerca con un aspecto que daba miedo—. No, Astáfi Yványch —me vuelve a decir—. Yo no cogí los pantalones.
       »Estaba temblando, golpeándose con el dedo tembloroso en el pecho; la voz le vibraba, lo que me hacía sentir tan avergonzado que parecía enteramente haberme quedado pegado a la ventana.
       »—Bueno, Iemelián Ilich —le dije—. Está bien, le pido disculpas porque le reproché en vano. ¡Allá los pantalones! ¡Que desaparezcan! No nos va a pasar nada porque hayan desaparecido. Gracias a Dios tenemos manos, no vamos a robar a nadie… y tampoco vamos a pedirles limosna a otros pobres; nos ganaremos el pan…
       »Me escuchó Iemeliá, se quedó un rato frente a mí, y después se sentó. Permaneció así toda la tarde, sin moverse lo más mínimo; a mí ya me había entrado sueño y Iemeliá seguía sentado en el mismo lugar. Solo al amanecer me di cuenta de que estaba tumbado en el suelo y tapado con su pobre capote. Se había sentido tan humillado que no se atrevió a tumbarse en la cama. Pues desde aquel momento, señor, le cogí manía, es decir, los primeros días incluso llegué a odiarle. Para ser más exactos, y por poner un ejemplo, era como si mi propio hijo me ocasionara un dolor horrible. «¡Vaya!», pensé. «¡Iemeliá, Iemeliá!». Mientras tanto él no paró de beber en dos semanas. Se emborrachaba hasta hartarse. Se marchaba por la mañana y no regresaba hasta bien entrada la noche, sin pronunciar palabra en dos semanas. Es decir, o que la pena le había carcomido, o que quisiera castigarse él mismo. Finalmente, dijo basta y dejó de beber. Al parecer se había gastado todo el dinero y otra vez se sentó sobre el alféizar de la ventana. Recuerdo que se estuvo así, sentado y callado, tres días enteros; de pronto, le miro, y lo veo llorando. Quiero decir, señor, que está sentado y llorando. ¡Sí, así, llorando! Como si fuera un río, sin sentir las lágrimas. Y es duro, señor, ver cuando un hombre maduro, y concretamente un anciano, como Iemeliá, llora de la pena y la tristeza que tiene dentro.
       »—¿Qué, Iemeliá? —le dije.
       »Y se puso a temblar. Se estremeció completamente. Desde lo sucedido, era la primera vez que me dirigía a él.
       »—Nada… Astáfi Iványch.
       »—¡Que Dios te ampare, Iemeliá, que se vaya todo al demonio! ¿Por qué estás ahí sentado como un búho? —me dio lástima de él.
       »—Es que… Astáfi Iványch… bueno. Quisiera encontrar algún trabajo, Astáfi Iványch.
       »—Pero ¿qué tipo de trabajo, Iemelián Ilich?
       »—Pues así, uno cualquiera. Puede que encuentre algo útil que hacer como antes; ya fui a solicitarle trabajo a Fedoséi Iványch… No me siento bien cuando le ofendo, Astáfi Iványch. Yo, Astáfi Iványch, con un poco de suerte, encontraré algún trabajo, y entonces le devolveré todo, y le daré su compensación por lo que se ha gastado en alimentarme.
       »—Bueno, Iemelián, ya está bien; lo que pasó, pasado está. ¡Allá los pantalones! ¿Por qué no volvemos a vivir como antes?
       »—No, Astáfi Iványch, usted posiblemente siga pensando lo mismo… pero yo no le robé los pantalones…
       »—Bueno, pues como quieras. ¡Que Dios te ampare, Iemeliánushka!
       »—No, Astáfi Iványch. Veo que ya no puedo continuar viviendo aquí. Y discúlpeme usted, Astáfi Iványch.
       »—¡Pues que sea lo que Dios quiera! —le dije—. ¿Quién te está ofendiendo y te echa al patio? ¿Acaso lo estoy haciendo yo?
       »—No, pero me es incómodo vivir con usted de ese modo, Astáfi Iványch… Será mejor que me vaya…
       »El hombre estaba ofendido y había tomado una determinación. Le miro y veo que ya se levanta y se echa al hombro su pobre capote.
       »—Pero ¿adónde vas a ir, Iemelián Ilich? Sé racional y escucha: ¿qué piensas hacer?, ¿adónde vas a ir?
       »—No, perdone usted, Astáfi Iványch, no me retenga —y de nuevo se puso a gemir—. Me voy, Astáfi Iványch. Usted ya no es el mismo de antes.
       »—¿Cómo que no soy el mismo? ¡Soy el mismo! Si eres como un niño pequeño, irracional; te puedes perder solo, Iemelián Ilich.
       »—No, Astáfi Iványch, usted ahora cuando se marcha cierra el baúl, y yo, Astáfi Iványch, que lo veo, me pongo a llorar… No, mejor será que me deje marchar, Astáfi Iványch, y perdone las ofensas que pude haberle infligido en nuestra convivencia.
       »Y ¿qué piensa, señor? Se fue el hombre. Le esperé un día, pensando que regresaría al atardecer, pero no volvió. Al siguiente, tampoco, y al otro, igual. Estaba asustado y la tristeza no me dejaba vivir en paz. Ni bebía, ni comía, ni dormía. ¡El hombre me había dejado completamente desarmado! Al cuarto día salí a buscarle por todas las tascas, y nada. ¡No lo encontré! ¡Iemeliánushka había desaparecido!
       »«¿No habrá perdido el hombre la cabeza?», pensé. «Puede que esté ahora tirado como un penco podrido junto a alguna valla, el muy borrachín». Regresé a casa ni vivo ni muerto. Al día siguiente también salí a buscarlo. Me maldecía a mí mismo por haber permitido que un hombre sin cabeza se fuera de mi lado por su propia voluntad. El quinto día al amanecer (era fiesta) oigo que cruje la puerta. Miro, y veo que entra Iemeliá. ¡Todo amoratado y con el pelo completamente sucio de haber dormido en la calle! Había adelgazado hasta quedarse como una astilla. Se quitó su pobre capote, se sentó junto a mí en el baúl y se me quedó mirando. ¡Qué alegría me dio verle, pero me sentí aún más triste que antes! Mire usted lo que pasa, señor: que caiga sobre mí el pecado, pero habría preferido verle muerto en un arroyo como un perro a que volviera en ese estado. ¡Pero Iemeliá volvió! Bueno, lógicamente, resulta duro ver a un hombre en ese estado. Empecé a animarle, a acariciarle y a tranquilizarle.
       »—Bueno —le dije—, Iemeliánushka, estoy contento de que hayas vuelto. Si hubieras tardado un poco más, habría ido a buscarte por las tabernas. ¿Has comido algo?
       »—Sí, Astáfi Iványch.
       »—Y ¿lo suficiente? Aquí tienes, hermano, un poco de shi que quedó de ayer; es de carne; y aquí tienes un poco de pan y cebolla. Come —le digo—, no está de más para la salud.
       »Le serví la sopa y vi que probablemente llevaba tres días sin probar bocado, ¡tal era su apetito! Lo que significa que el hambre fue lo que le hizo retornar de nuevo a mí. ¡Cómo me alegré de verle! «Espera», pensé, «en una carrera voy a por algo de beber. Le traeré algo para que se sienta feliz, y nos olvidemos de todo. ¡No te guardo ningún rencor, Iemeliánushka!». Le traje una botella de vino.
       »—Aquí tienes —le digo—, Iemelián Ilich, bebamos un poco, hoy es fiesta. ¿Quieres beber? ¡Salud!
       »Extendió ansioso la mano, y ya casi tenía cogido el vaso, cuando veo que se detiene; espera un rato; yo le miro: va y lo coge, se lo lleva a la boca, salpicándose la manga con el vino. Y no lo bebe. Se lo vuelve a llevar a la boca, pero al instante lo deja sobre la mesa.
       »—¿Qué sucede, Iemeliánushka?
       »—Pues nada; es que yo… Astáfi Iványch…
       »—¿Acaso no te lo vas a beber?
       »—Pues yo, Astáfi Iványch, eso… ya no voy a beber más, Astáfi Iványch.
       »—¿Acaso has decidido dejarlo del todo, Iemeliúshka? ¿O solo se trata de hoy?
       »Se quedó callado. Cuando le miro, veo que tiene apoyada la cabeza sobre la mano.
       »—¿No te habrás puesto malo, Iemeliá?
       »—No lo sé, no me encuentro muy bien, Astáfi Iványch.
       »Lo conduje hasta la cama. Veo que realmente está mal: le ardía la cabeza y la fiebre le agitaba el cuerpo. Estuve junto a él todo el día; al llegar la noche se puso peor. Le di kvas con mantequilla y cebolla y añadí migas de pan. Le dije:
       »—¡Vamos, tómate esta turia [gazpacho ruso, hecho con agua, pan y cebolla], que te sentará bien!
       »Él movió la cabeza.
       »—No —dijo—, no voy a comer hoy, Astáfi Iványch.
       »Le preparé un té y mareé del todo a la ancianita; y nada, que no mejoraba. «¡Vaya! ¡Mal asunto!», pensé. Al tercer día fui en busca del médico. Conocía un médico que se apellidaba Kostoprávov, que me trató cuando yo vivía en casa de los señores Bosomiágin. Vino el médico, lo vio y dijo: «Pues no. La cosa está mal. No tenía que haberse molestado en buscarme. Pero puede darle estos polvos». Pero yo no se los di; pensé que el médico me lo decía por decir: y mientras tanto ya llegó el quinto día.
       »Se estaba muriendo ante mis ojos, señor. Yo estaba sentado junto al alféizar de la ventana con la labor entre las manos. La viejecilla estaba echando leña en la estufa para caldear la habitación. Nadie hablaba. Tenía el corazón partido como si se me muriera mi propio hijo. Sabía que Iemeliá me miraba ahora a mí, me había dado cuenta de ello desde la mañana. Veía que el hombre quería sacar fuerzas, deseando decir algo, sin atreverse; y, en cuanto veía que yo le miraba, al instante desviaba la mirada hacia otro lado.
       »—¡Astáfi Ivánovich!
       »—¿Qué, Iemeliúshka?
       »—Y si yo, por ejemplo, llevara mi capote a vender al mercadillo, ¿me darían mucho, Astáfi Iványch?
       »—Bueno —le dije yo—, no creo que dieran mucho. Con un poco de suerte hasta unos tres rublos, Iemelián.
       »«Pero, en realidad», pensaba yo para mis adentros, «si lo llevaras, no te darían nada salvo burlarse de ti en tu cara por ir a vender una cosa en tan mal estado». Solo que a él, hombre de Dios, conociéndole como le conocía, le dije lo contrario para consolarle.
       »—Pues yo, Astáfi Iványch, creo que sí me darían tres rublos por la capa; si es de paño. ¿Cómo no iban a darme tres rublos por una cosa de paño?
       »—No lo sé, Iemelián Ilich —le dije—. Si deseas llevarla, entonces desde el primer momento habría que pedir por ella tres rublos.
       »Iemeliá se quedó un rato callado; y después de nuevo se puso a hablar:
       »—¡Astáfi Iványch!
       »—¿Qué quieres, Iemeliánushka? —le pregunté.
       »—Venda usted el capote cuando me muera, no me entierre con él. No lo necesito; mientras que el capote es algo valioso, le hará falta.
       »En ese momento, señor, se me encogió el corazón de tal modo que no supe qué decir. Veo que le rondaba la tristeza que uno siente antes de morir. De nuevo nos quedamos en silencio. Así transcurrió una hora. Otra vez le eché un vistazo: no retiraba la vista de mí, y, en cuanto se cruzaba con mi mirada, de nuevo la desviaba para otro lado.
       »—¿No quieres beber un poco de agua, Iemelián Ilich? —le dije.
       »—Si es tan amable, que Dios le bendiga, Astáfi Iványch.
       »Le di de beber. Bebió con ansia.
       »—Se lo agradezco, Astáfi Iványch —me dijo.
       »—¿No quieres algo más, Iemeliánushka?
       »—No, Astáfi Iványch; no me hace falta nada; solo que…
       »—¿Qué?
       »—Pues eso…
       »—¿Qué quieres decirme, Iemeliúshka?
       »—Pues eso… los pantalones… fui yo el que se los cogí entonces… Astáfi Iványch…
       »«¡Bueno, pues que Dios te perdone, Iemeliánushka!», me dije. «¡Eres un pobre diablo! Vete en paz…». Se me detuvo la respiración y las lágrimas corrieron por mis mejillas. Me di la vuelta un instante.
       »—Astáfi Iványch…
       »Lo miro y veo que Iemeliá quiere decirme algo. Se irguió haciendo fuerzas y moviendo los labios… De pronto, se puso todo encarnado y con los ojos clavados en mí… Después, fue palideciendo cada vez más hasta quedarse un instante sin consciencia; echó la cabeza hacia atrás, respiró profundamente y en aquel instante entregó su alma a Dios.

dad de Canacero.

La Cámara Nacional de la Industria del Hierro y el Acero (Canacero), detectó en el mercado un tipo de varilla desconocido que no cumple con las propiedades mecánicas y de tamaño que establece la normatividad.

Después de diversas pruebas de laboratorio se comprobó que representa un riesgo potencial ante contingencias como las filtraciones de mantos acuíferos subterráneos, inestabilidad de terrenos y actividad sísmica.

Aún se desconoce la fabricante y a los distribuidores de esta varilla, sin embargo, al ser más ligera, es más económica y por ende, popular.

México es el sexto productor de varilla en el mundo, fabricando la cantidad de 3.34 millones de toneladas al año, de las que exporta medio millón.

Las consideraciones básicas para identificar que una varilla es segura son:

  • · Identificación del fabricante
  • · País de origen
  • · Designación de varilla: masa y dimensiones
  • · Letra N: Indicación de que cumple con la regla mexicana
  • · Grado de la varilla: Resistencia a la tensión y esfuerzos mecánicos

De acuerdo con Octavio Rangel Frausto, Dr. Gral. Cámara Nacional de la Industria del Hierro y el Acero, sostiene que las empresas socias de la cámara del acero permiten tener la certeza de su grado de resistencia, maleabilidad y fortaleza lo que brinda a los constructores y a las familias mexicanas la seguridad ante sucesos ajenos a la construcción como temblores, filtraciones y otras eventualidades.

“Deben vigilar que tengan la N de norma, trazabilidad y sobretodo aconsejamos que las compren en establecimientos bien establecidos y socios de la cámara del acero” aconsejó el titular.

¿Qué tipos de varillas existen?

Las principales tipos de varillas y las que más se usan en el mercado son:

  • Varilla lisa o de alambron ¼

Se utiliza principalmente en estribos para cadenas de concreto, castillos, contratrabes, trabes, columnas entre otros.

  • Varilla corrugada

También se le conoce como varilla de grado duro. Su superficie irregular, permite una mejor adherencia al concreto. Por lo regular, tienen una longitud de entre 9 y 12 metros y sus diámetros son variables.

¿Qué varillas comprar?

En Rubicón aconsejamos a nuestros clientes adquirir las marcas Varilla Sicartsa, Hylsa y San Luis ya que cumplen con todas las normas establecidas por Canacero.

Y con ello, estamos garantizando la seguridad de nuestro patrimonio y más importante, de las personas que estarán dentro de él.  El caso también fue expuesto por la Revista del Consumidor (PROFECO), quienes alertaron a los consumidores de este fraude.